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DE LA ESCRITURA DE ALBALAES A LA HUMANÍSTICA, UN PARÉNTESIS EN LA HISTORIA DE LA ESCRITURA Dr. D. Blas Casado Quintanilla Catedrático de Paleografía y Diplomática Universidad Nacional de Educación a Distancia Queremos exponer el estado de los conocimientos sobre la escritura en la que se escribieron una gran cantidad de los documentos desde mediados del siglo XIII hasta finales del siglo XV y principios del siglo XVI. Centra- remos nuestra atención en el análisis de las escrituras cursivas y documenta- les que se conocen con los nombres de Albaláes, y cortesana, y los comien- zos de la humanística. Somos conscientes de dejar a un lado las llamadas escrituras librarias y aquellas góticas que se sitúan a medio camino entre las librarias y las cursivasF 1 F. Desde el punto de vista geográfico, nos ocupare- mos casi exclusivamente del desarrollo escriturario en el reino de Castilla y León, sin que esto sea obstáculo para hacer referencias a todos los reinos peninsulares, e incluso, a los reinos extra pirenaicos. Todos los manuales de Paleografía dedican sendos capítulos a las escri- turas más señaladas en aquel reino y siglos: en uno, estudian las llamadas letras de privilegios o minúscula diplomática y la de albaláes; en otro, la de- 1 María del Carmen ÁLVAREZ MÁRQUEZ, “Escritura latina en la Plena y Baja Edad Media: la llamada “gótica” libraria en España”, Historia. Instituciones. Docu- mentos, 12 (1986), pp. 377-410. María Josefa SANZ FUENTES, “Paleografía en la Baja Edad Media castellana”, Anuario de Estudios Medievales, 21 (1991), pp. 520- 545. José Manuel RUIZ ASENCIO, Colección documental del archivo de la cate- dral de León, vl. VIII, 1230-1269, León, 1993, p. XXVIII.

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  • DE LA ESCRITURA DE ALBALAES A LA HUMANSTICA, UN PARNTESIS EN LA HISTORIA DE LA ESCRITURA

    Dr. D. Blas Casado Quintanilla Catedrtico de Paleografa y Diplomtica

    Universidad Nacional de Educacin a Distancia

    Queremos exponer el estado de los conocimientos sobre la escritura en la que se escribieron una gran cantidad de los documentos desde mediados del siglo XIII hasta finales del siglo XV y principios del siglo XVI. Centra-remos nuestra atencin en el anlisis de las escrituras cursivas y documenta-les que se conocen con los nombres de Albales, y cortesana, y los comien-zos de la humanstica. Somos conscientes de dejar a un lado las llamadas escrituras librarias y aquellas gticas que se sitan a medio camino entre las librarias y las cursivasF1F. Desde el punto de vista geogrfico, nos ocupare-mos casi exclusivamente del desarrollo escriturario en el reino de Castilla y Len, sin que esto sea obstculo para hacer referencias a todos los reinos peninsulares, e incluso, a los reinos extra pirenaicos.

    Todos los manuales de Paleografa dedican sendos captulos a las escri-turas ms sealadas en aquel reino y siglos: en uno, estudian las llamadas letras de privilegios o minscula diplomtica y la de albales; en otro, la de-

    1 Mara del Carmen LVAREZ MRQUEZ, Escritura latina en la Plena y Baja Edad Media: la llamada gtica libraria en Espaa, Historia. Instituciones. Docu-mentos, 12 (1986), pp. 377-410. Mara Josefa SANZ FUENTES, Paleografa en la Baja Edad Media castellana, Anuario de Estudios Medievales, 21 (1991), pp. 520-545. Jos Manuel RUIZ ASENCIO, Coleccin documental del archivo de la cate-dral de Len, vl. VIII, 1230-1269, Len, 1993, p. XXVIII.

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    nominada escritura cortesana y procesal. En estos estudios se exponen las cuestiones de carcter general relativas a ambos tipos de escritura; se expli-can y dibujan cada una de las letras segn los trazos realizados por los ama-nuenses de cada una de las pocas y sistemas grficos y se hace una buena descripcin de la forma de las letras. Reconocemos lo meritorio del sistema descriptivo de las formas de las letras para el aprendizaje y para la lectura de los documentos escritos en estos sistemas grficos. Aceptada esta des-cripcin, nos ocuparemos de realizar un estudio analtico del ductus de cada una de las letras que componen los alfabetos de la letra de albales y su de-rivacin hacia la cortesana y posteriormente a la procesal, sealando el hilo conductor que enlaza las tres variedades grficas y que son caractersticas de la corona de Castilla a lo largo de los siglos ms arriba indicados. Nos ocuparemos, por tanto, no de la Paleografa de lectura, aspecto bien estu-diado, sino que fijaremos nuestra atencin en la escritura como un elemento ms de la transmisin cultural. En la escritura no se dan saltos grficos, por ello es imposible determi-nar con exactitud el tiempo en que una escritura aparece en un territorio. No se puede hablar de uno o dos aos, sino que, rememorando el pensamiento de Tito Livio, ser necesario situar el proceso de aparicin de una forma de escritura en un espacio mnimo de una o varias dcadas, porque la lentitud en la asimilacin de la novedad grfica puede extenderse durante alguna, incluso algunas generaciones, de escribientes debido tanto al apego al mode-lo anterior como al mayor o menor grado de imitacin del nuevo. Bajo el trmino escritura tenemos que colocar varios elementos de estudio: las letras y sus ligaduras, las abreviaturas, los signos de puntua-cin, los numerales, etc. Dejamos los otros objetos de anlisis y vamos a fijar nuestra atencin en el ms importante de todos ellos: las letras. 1.- El anlisis de las letras. El mtodo a seguir en el anlisis de la letra ya ha sido formulado de manera clara y de forma progresiva. A tenor de lo que nos dice De Bo-ard, los eruditos alemanes, siguiendo a von Sickel, sealaron que el ductus es: " la direction du trac, que lon peut encore reconnatre la manire parti-

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    culire dun scribe, distinguer entre plusieurs mains" F2F. Battelli afirm que en la letra " debemos observar no tanto la forma de su apariencia exter-na, cuanto el ductus, esto es, el modo como estn trazadas las letras; as podremos establecer la modalidad de su realizacin en los elementos esen-ciales"F3F. Mallon, ya en el ao 1937 expuso su pensamiento acerca del mtodo a seguir en el anlisis de las letrasF4F, aunque aos despus formul con mayor precisin el principio metodolgico. Se trata no slo de indicar el ductus, tal como se vena entendiendo, sino de determinar " en qu manera los trazos fueron realizados, esto es, el orden y el sentido en el que fueron ejecuta-dos"F5F. El ductus es, segn Mallon, el elemento conductor y organizador de toda la historia de la escritura. Este autor ampli el campo de anlisis con relacin a los autores anteriores. Adems del ductus, ser necesario obser-var otros elementos: la forma; el ngulo de escritura; el mdulo, esto es, las dimensiones de ancho y alto de la letra; el peso de la escritura, que de-pende del instrumento escriptorio y la colocacin del soporte con relacin a la postura del escriba. Indica tambin que en el anlisis es preciso contem-plar la incidencia proporcionada por la materia escriptoria. Gilissen, veinte aos ms tardeF6F, hace un estudio pormenorizado y sis-temtico del mtodo establecido por Mallon y aade nuevos aspectos de anlisis dentro de los elementos sealados por ste. Recientemente ha vuelto sobre la cuestin del ductus, incorporando el concepto del " ductus comple-to"F7F. Entiende por ductus completo los trazos no escritos o dibujados en el aire por el escriba en los movimientos que hace con la mano para escribir los distintos trazos. A partir de la observacin de este ductus terico afirma

    2 A. de BOARD, Manuel de Diplomatique, Paris 1929, p. 227. Adems habla del mdulo: "le module varie, comme de juste, avec la dimension du parchemin" 3 J. BATTELLI, Lezioni di Paleografia, Ciudad del Vaticano 1949, p. 56. 4 Jean MALLON, Le probleme de levolution de la lettre, Arts et Mtiers graphi-ques, 59 (1937). ID, Remarques sur les diverses formes de la lettre B dans l criture latine, Bibliotheque de lEcole des Chartes, 99 (1938). Cfr. J. MALLON, De lcriture, Paris 1982. 5 Jean MALLON, Paleographie ramaine, Madrid 1952, p. 21 y ss. 6 L. GILISSEN, Lexpertise des critures medievales, Belgica 1973, pp. 15-54. 7 L. GILISSEN, Analysis et evolution des formes graphiques, Anuario de Estu-dios Medievales, 21 (1991), pp. 323- 346.

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    que: " un mme ductus engendre des formes diffrentes"F8F. Gilissen, en su obra L expertise des critures medievales, incorpora un instrumento ms a tener en cuenta en un estudio analtico de las letras: el estilo de escritura. El estilo, no es un elemento nuevo de la escritura que deba ser aadido o yuxtapuesto al ductus, al mdulo o a la misma forma; es una manera de hacer la escritura que repercute sobre todos los otros elementos estudiados y que afecta y atae a todo el acto de escribir. Dado que la escritura es, ante todo, " un juego de signos convencionales" se admitir que el estilo tiene dos vertientes de anlisis: uno, la morfologa esencial de cada tipo de letra en s misma, esto es, la letra canonizada en cada momento de la evolucin de la escritura; otro, la manera particular del trazado de una escritura por parte de un escriba, quien marcar las variaciones grficas personales e in-dividualizadas, sin abandonar el modelo perfecto de ejecucin de los sig-nos de una determinada forma de escritura; por esta va se pueden identifi-car la diversidad de manos que hayan intervenido en un solo manuscrito.. Por tanto, el estilo es presentado por el autor desde la ptica del amanuense, con las variaciones que cada persona introduce en la ejecucin de los trazos convencionales de una escritura, y desde la ptica de la letra en s misma, la cual tiene sus formas tpicas a pesar de las diferencias aportadas por cada escriba.

    Todo ello porque el sistema de escritura latino es extraordinariamente tolerante en cuanto a las formas que sus letras como signos convencionales pueden revestir; acerca de esto da fe la historia de la escritura, donde pode-mos contemplar los mismos signos con muy distintas grafas. Cualquier tipo de escritura admite tambin un buen nmero de variantes dentro de lo que podramos llamar el canon de perfeccin propio de una escritura concre-ta: visigtica, carolina, gtica, cortesana, ... siempre y cuando las variantes introducidas no destruyan los elementos de reconocimiento comnmente asignados a un tipo de escritura, porque en caso de destruccin de stos, es-taramos en un nuevo proceso de evolucin escrituraria y lejos de la que hemos canonizado.

    8 Ibid., p. 329. En sta y en la pgina anterior desarrolla el esquema del ductus com-pleto, tomando como base los trazos y su sucesin y sentido en la letra " E ".

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    2.-El nombre de la letra de Albalaes. Ms all de los Pirineos, frontera geogrfica y hasta poltica pero no cultural, suele situarse el lugar de origen de la escritura carolina y la gtica, escrituras que nuestros "escriptoria" conocieron y utilizaron. En estos mismos lugares geogrficos, se ha elaborado una nomenclatura F9F que hace referencia a los citados tipos grficos y su evolucin posterior, tanto en lo que atae a aquellos pases europeos, como en lo que toca a los peninsula-res. Siguiendo aquel esquema de trabajo se ha denominado gtica cursiva a la escritura, sin duda cursiva y derivada de la gtica, que aparece en Len y Castilla a mediados del siglo XIII; al mismo tiempo que con este nombre se intenta eliminar el de letra de albalaes dado a esta misma escritura por los antiguos palegrafos espaoles. Pudiera considerarse que es sta una cuestin menor y as sera si se tratase solamente de dar nombre a una forma de escritura. No es mi inten-cin perder el tiempo en una discusin de carcter puramente acadmico y nominalista. Se trata, a nuestro entender, de fijar la razn por la cual se le dio antiguamente este nombre de albalaes a una determinada forma de escri-tura. Se trata de saber si ahondando en la razn del nombre dado por Terre-ros y Pando a esta letra se puede llegar a conclusiones, quizs no definiti-vas, sobre el verdadero origen de esta escritura; de esta manera adquiere mucha importancia el nombre tradicional. Sarmiento en su Palleografa Espaola distingue cuatro alfabetos. En el segundo de stos incluye los caracteres franceses que sucedieron a los g-ticos y de los que dice que este gnero de escritura dur y casi dura en los privilegios reales, etc. Pero no as en instrumentos de contratos particulares, cuyos escritores y escribanos comenzaron a enredar y alterar con rasgos y

    9 Cfr. La nomenclature des critures livresques du XI e au XV e sicle, en Colloques Internationaux du CNRS, Sciences humaines, IV, Paris 1954. Antonio CANELLAS LPEZ, Exempla scripturarum latinarum, Pars prior, 2 ed. Zaragoza 1967 y Pars altera, 2 ed. Zaragoza 1974; Mara Josefa SANZ FUENTES, Paleografa en la Baja Edad Media castellana, Anuario de Estudios Medievales, 21 (1991), pp. 520-545; Mara del Carmen LVAREZ MRQUEZ, Escritura latina en la Plena y Baja Edad Media: la llamada "gtica libraria" en Espaa, Historia. Institucio-nes.Documentos, 12 (1986), pp. 377-410.

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    abreviaturas, y se podra fijar su poca en el reinado de D. PedroF10F. No da nombre a la escritura a la que se est refiriendo. En el tercero de los alfabe-tos indica, no obstante, que la escritura de referencia se us desde entonces hasta que comenz la disparatada escritura que hoy llaman de proceso, de calderilla y de cadenilla. Estudios posteriores realizados con nimo de ma-yor concisin y preocupados por llegar a una periodizacin ms precisa, nos hacen pensar que las palabras del ilustre benedictino aluden a las escrituras llamadas minscula diplomtica o de privilegios, albalaes y cortesana, como evoluciones de la gtica y cursivizada ms y ms en cada uno de los tramos histricos a los que esos nombres hacen referencia. De sus palabras reten-gamos que detecta una relacin directa entre los tres tipos de escritura, como si se tratara del proceso evolutivo de una misma tipo grfico. En cualquier caso que la de albalaes es anterior al reinado de Pedro I, no tiene duda. Las palabras de Sarmiento destacan que mientras para los documentos reales se conservaron los caracteres franceses, fue en los instrumentos de los contratos particulares donde se enred y alter aquella letra francesa. Se seala de esta manera la existencia de dos caligrafas bien distintas: una para la cancillera real de trazado cuidado, y otra mucho ms cursiva para la es-critura entre particulares. Terreros y Pando en su estudio sobre la escritura del siglo XIV, distin-gue entre la escritura de los despachos reales a la que denomina letra de privilegios, y otra que ya desde el siglo precedente se usaba en los alba-laes, cdulas, rdenes y cartas de menos importancia de los reyes y en las cartas misivas, instrumentos y comercio comn de los vassallosF11F. Distin-gue Terreros de un lado, la grafa usada por la cancillera real, mejor cuanto ms solemnes sean los documentos; y de otro, la grafa mucho ms rasga-da y poco diferente en sustancia de la letra cortesana y procesada que se usa en los instrumentos y comercio comn de los vasallos. Cencetti, en referencia a la escritura en Castilla y Len, escribi que para los documentos de menor importancia se desarroll durante el siglo XIII, la denominada letra de albalaes, una cursiva caracterizada por el grosor de los trazos horizontales y por la no repugnancia a los trazos hacia la iz-

    10 Fray Martn SARMIENTO, Palleografa Espaola,Estudio sobre el origen de la lengua Gallega (Carta dirigida a Terreros y Pando el ao 1755), Buenos Aires: No-va, 1943, pp. 55-68 11 Esteban TERREROS Y PANDO, Paleographia Espaola, Madrid 1758, p. 57.

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    quierda, bajo la base de la cual se desarrollar hacia la mitad del siglo XIV en adelante la ms caracterstica cursiva espaola denominada cortesanaF12F. Cencetti recordando que el palegrafo espaol Terreros le di el nombre de albales afirma que cree oportuno conservarloF13F.

    Stiennon afirma que en Europa desde finales del siglo XII se constata la aparicin de una escritura de trazado rpido y alargado y que ya en los comienzos del siglo XIII se puede hablar de la implantacin de la cursiva gtica; ahora bien, si observamos el ejemplo-lmina que reproduce para facilitar la comprensin de sus afirmaciones, veremos que esa escritura a la que el autor se esta refiriendo puede compararse con la que nosotros deno-minamos minscula diplomtica o de privilegios, pero de ninguna manera con la que conocemos con el nombre de albalaes F14F.

    A pesar de lo desafortunado del modelo expuesto por Stiennon, se pue-de constatar que tambin en Francia encontramos la letra de albales. Los modelos los encontramos en GuyotjeanninF15F. Se trata de un documento se-orial de 1270, expedido en la Picarda francesa. Por su parte Millares afirma que A partir del padre Terreros, los pa-legrafos espaoles designan esta escritura con el nombre de letra de alba-les, denominacin impropia en lo que concierne al siglo XIII, pues, segn se ver, el albal, como tipo diplomtico definido, no aparece, que sepamos, hasta los tiempos de Pedro I ( 1350-1369)F16F. Por tanto segn la lgica de este argumento el nombre de albalaes para esta escritura debe ser olvidado y rectificado por el de gtica cursiva. Podemos suscribir la afirmacin de Millares si creemos con el insigne palegrafo que fue la cancillera real quien invent el documento que esa

    12 G. CENCETTI, Lineamenti di storia della scrittura latina, Bolonia 1954, p. 258 13 G. CENCETTI, Obr. cit., p. 243. 14 Jacques STIENNON, Palographie du Moyen Age, Paris 1973, pp. 110-112. 15 Olivier GUYOTJEANNIN, Diplomatique mdivale, Edit. Brepols 1993, pp. 164 y 194 16 Antonio MILLARES CARLO, Obr. Cit,. p. 193. Esta doctrina se repite en otros manuales posteriores: ngel RIESCO TERRERO, Elisa RUIZ GARCA, J. DOMNGUEZ APARICIO, Ana Beln SNCHEZ PRIETO, Aproximacin a la cultura escrita, Madrid 1995, p. 147. Manuel ROMERO TALLAFIGO, L. RODRGUEZ LIEZ y A. SNCHEZ GONZLEZ, Arte de leer escrituras an-tiguas. Paleografa de lectura, Sevilla 1995, p. 66.

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    misma cancillera denomin albal; la aparicin de este tipo documental en la cancillera real se produce durante el reinado sealado, y por consiguiente es impropio darle el nombre de albalaes a una letra que es anterior a la apa-ricin del tipo documental real del mismo nombre. Rechazamos, en cambio, el razonamiento de Millares porque, de un lado, vincula directamente la apa-ricin de un tipo documental con el uso de este mismo documento por la cancillera real, supuesto mucho ms que dudoso, al menos en este caso, y de otro, vincula la evolucin de la escritura a la propia cancillera regia, su-puesto mucho ms que incierto. Creemos conveniente alejarnos del criterio clsico de ver toda la Paleografa y la Diplomtica desde la ptica de la cancillera real, no solo en lo que hace a la creacin de los tipos documenta-les, sino tambin en lo que toca a la evolucin de la escritura. En sentido in-verso, una vez asumido por la cancillera real, la publicidad de aquellos y de esta ha encontrado su mejor camino y la imitacin por parte de los cen-tros de preparacin y expedicin documentales de carcter menor est ase-gurada. Nos detenemos en observar que el documento llamado albal es, en su origen, una carta de pago usada en el mbito del comercio mucho tiempo antes de que fuera incorporado al conjunto de documentos elaborados y ex-pedidos por la cancillera real. Esta oficina regia slo F17Fen tiempos de Pe-dro I y con el nombre de albalF18F,incorpor este tipo documental con el 17 Andrs MERINO DE JESUCRISTO, Escuela paleogrphica, Madrid 1780 ( fac-smil de 1994) p. 170 y ss. en este mismo sentido, aunque con tema distinto, diserta sobre la aparicin del romance en la documentacin y afirma que el primer docu-mento que conoce escrito en castellano fue redactado el ao 1173 y es de una perso-na particular. Da la transcripcin del documento. En este mismo contexto seala que es cierto que hasta San Fernando ( 1217-1252) yo no he visto ninguno en castella-no, pero que este rey santo los despach en lengua vulgar es cosa de que no dudan ya los sabios p. 173. Si para que la lengua romance castellana fuera de uso semi-ordinario en la cancillera real se necesitaron unos 50 aos, qu podemos decir del tiempo que pudo retrasarse la incorporacin del tipo documental denominado albal a la cancillera real?. 18 L. GARCA DE VALDEAVELLANO, Curso de Historia de las instituciones espaolas, Madrid 1968, pp. 601-602. Habla del alvar o albal como un recibo o cdula que se entregaba a los particulares como testimonio de haber pagado una ga-bela relacionada con el comercio de la sal. Este tributo lo cobravan los alvareros que eran los administradores del negocio de las salinas en tiempos de Alfonso VIII ( 1158-1214). En este contexto queremos todava llamar la atencin respecto del pro-pio nombre rabe de albal conservado en detrimento del nombre castellano de reci-

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    mismo contenido econmico del que gozaba con anterioridad entre los par-ticulares, aunque sometido ya a formularios ms solemnes y, posiblemente, con ms cuidada estructuracin clausular de la que contaba como documen-to no real. El albal era un pasaporte o quitana para mercancas de forma que el albal se muestra a los guardas cuando piden razn de lo que lleva el merca-der o pasajeroF19F. Se trataba, por tanto, de un documento que obligatoria-mente deba poseer y , en su caso, mostrar el comerciante, lo que implica que era de uso frecuentsimo entre los que ejercan esta actividad. En cuan-to a la palabra albal y su antigedad recogemos el pensamiento de Neuvo-nen F20F que incluye el vocablo entre los arabismos del siglo XIII, mientras que Langns Gracia F21F seala que el significado etimolgico de la palabra albal es el de recibo, al tiempo que publica la estructura diplomtica tpi-ca del albal pero en el mbito notarial, aludiendo a su carcter de documen-to, tambin, no real. Si ya exista el trmino de recibo en el romance deri-vado del latn la asimilacin de otra palabra para significar la misma cosa viene a indicar la fuerza de la cultura de la que procede el trmino albal y el uso frecuente de la palabra entre los particulares en su actividad comer-cial, actividad en la que realmente tiene pleno sentido la palabra albal y no entre los escribanos de la cancillera real que, con mucha probabilidad, no se dedicaban a la prctica el comercio. Tanto Sarmiento como Terreros coin-ciden en sealar que fue en los instrumentos entre particulares donde se alter y enred la escritura. Acierta el Dr. Ruiz Asencio cuando en referencia a las formas de escri-tura de la segunda mitad del siglo XIII, afirma que no existen tipos abso-lutamente canonizados, y vuelve a tener razn cuando escribe que hay que borrar la idea de que escritura de privilegios equivale a escritura caligrfi-

    bo o cdula lo que de alguna manera podra ser interpretado como un aval para indi-car que el documento como tal ya exista entre los rabes, bien escrito en rabe, bien escrito en grafa latina o, acaso, en el siglo XIII con la aparicin del romance caste-llano, en ambos sistemas grficos 19 Sebastin de COVARRUBIAS, Tesoro de la lengua castellana o espaola, Bar-celona 1987, voz Alval. 20 Eero K. NEUVONEN, Los arabismos del espaol en el siglo XIII, Helsinki 1941. Citado por LAGNS GRACIA en la voz Albal. Ver nota siguiente. 21 Vicente LAGNS GRACIA, Lxico jurdico en documentos notariales arago-neses de la Edad Media. siglos XIV y XV, Zaragoza 1992, voz albal.

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    ca en el mundo documental y que escritura de albalaes es sinnimo de escri-tura cursivaF22F. Eliminado el carcter de exclusivo, no encontramos obst-culo alguno para sostener que son muy abundantes los documentos escritos en letra de albales y muchsimos los documentos escritos en letra cortesana. Creemos que es muy raro encontrar un cambio de sistema grfico en el lugar en el que la reproduccin de la escritura se hace como un trabajo pro-fesional y por tanto rutinario. Sabemos que estas variaciones de la escritura no han tenido su origen en el centro en el que se lleg a utilizar, ser necesa-rio, en consecuencia, buscarlo fuera del mismo, como creemos que ocurre en este caso. Es de todos conocida la resistencia a los cambios en cualquier lugar de trabajo porque se impone la rutina; esta ley se cumple en todos los campos de la actividad humana, incluida la de la escritura; no olvidemos que para los escribas era un trabajo, y no un objeto de distraccin. Un trabajo por el que estos amanuenses reciban un salario. A nuestro entender los cambios significativos en la evolucin permanente de la escritura habr que buscarlos lejos, o al menos, fuera del campo de trabajo de los calgrafos pro-fesionales. y aplicar la causalidad a elementos externos. Se constata adems que la letra de albalaes aparece en un momento his-trico en el que la lengua vulgar o romance se usa de manera ordinaria para los documentos entre particulares, fenmeno lingstico que se produce con anterioridad a que durante su reinado Fernando III incorporara el castellano como lengua usual para la expedicin de la documentacin realF23F. Desde esta ptica no querra Terreros, al dar el nombre de letra de al-balaes a esta escritura, indicar su procedencia o uso preferente en este tipo de documentos comerciales, y que de aqu pas a otros campos de la escritu-ra documental?. Con los datos que preceden este interrogante se convierte en una hiptesis de trabajo acerca de la cual habr que demostrar tanto la respuesta afirmativa como la negativa. Puede que por ahora no existan ar-gumentos contundentes para la valoracin positiva, pero ser igualmente necesario encontrar apoyos suficientes para formular con acierto una pro-puesta negativa.

    22 Jos Manuel RUIZ ASENCIO, Coleccin documental del archivo de la catedral de Len, 1230-1269, Len 1993, p. XXVIII. 23 Julio GONZLEZ, Reinado y diplomas de Fernando III, vol. II, Crdoba 1980.

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    Desde esta perspectiva podemos afirmar que fue en el mbito de un do-cumento ordinario y de uso muy frecuente entre particulares donde se pro-dujo esa transformacin de la escritura a la que nos estamos refiriendo. No conocemos ningn modelo de albal usado entre los particulares en sus acti-vidades comerciales; conocieron Terreros, Sarmiento o Burriel alguna de estas cartas de pago denominadas albal? F24 2.1.-.- Peculiaridades grficas. De entre los elementos intrnsecos que mejor ayudan a distinguir una escritura cursiva de otra de las mismas caractersticas, destacamos las for-mas de la letra y el sistema de unin entre ellas. Sabemos, igualmente, que una letra unida a la otra, con facilidad pierde muchos de los rasgos que le son tpicos F25F, porque en el acto de escribir intervienen no slo la personali-dad del autor, sino tambin la aceleracin del ritmo, los impulsos motrices, la espontaneidad F26F, los instrumentos escriptorios, tanto como la base filo-sfica de una escritura, como creemos que ocurre en el caso que nos ocupa. La forma de las letras de la escritura de albalaes ya ha sido expuesta de forma descriptiva, y a nuestro entender con muy buen criterio, por los auto-res de los manuales que han realizado un estudio de esta escritura, y a ellos remitimosF27F. Nos limitamos en este punto a subrayar las caractersticas ms

    24Jos Manuel RUIZ ASENCIO, Coleccin documental de la Catedral de Len, VIII (1230-1269), Len 1993. Introduccin, pp. XXXV y XXXVI. En su estudio sobre la escritura realizado a partir de la letra de los documentos que transcribe, defiende sin enbargo, el carcter esencialmente cancilleresco de la escritura de albalaes, aunque mantiene esta denominacin para un tipo grfico del que proporciona una reproduc-cin y que coincide con la misma escritura a la que yo considero como de albalaes. Creo, no obstante, que no es fcil aceptar que este tipo de escritura tuviera su origen en un grupo de amanuenses de la cancillera real porque los escribas, salvo excep-ciones, escribiran sus documentos con la letra que haban aprendido y la fuerza im-negable de la rutina entre los profesionales, tambin, de la escritura, hace dificil pen-sar en que entre ellos se produjera el cambio de forma grfica, y menos un cambio importante como es ste. 25 Alain BUQUET, Lexpertisse de criture, Paris 1991. 26 Jacques STIENNON, Palographie du Moyen Age, Paris 1973, pp. 7-17 27 Antonio FLORIANO CUMBREO, Curso general... , Oviedo 1946, p. 486 y ss.; Toms MARN MARTNEZ.- Jos Manuel RUIZ ASENCIO Y OTROS, Uni-dades Didacticas, Madrid: UNED, vol. II, pp. 10 -18; Antonio MILLARES

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    destacadas: uno, las letras estn unidas unas a las otras, lo que favorece la rapidez en el trazado; dos, el gran desarrollo que adquieren los astiles y los cados de algunas letras; tres, las lneas ascendentes y descendentes, en rela-cin con la caja del rengln, forman un ngulo bastante o muy agudo, lo que proporciona un carcter muy anguloso a todo el conjunto de la escritura.

    Nosotros dedicaremos unas pginas a exponer una hiptesis de trabajo sobre la base del anlisis del ductus de las letras de esta escritura. Siguiendo a Mallon en su estudio sobre el ductus desarrollado en la es-

    critura latina y las observaciones que posteriormente ha realizado Gilis-sen sobre los mismos aspectos, podemos llegar a la conclusin que en la cultura grfica citada los movimientos bsicos realizados por los ama-nuenses son los que siguen: de arriba hacia abajo; de abajo hacia arriba; de izquierda hacia la derecha, esto es, en la escritura se avanza hacia la derecha. Segn una representacin grfica tendramos el esquema si-guiente:

    Este ductus se cumple en la escritura grfica latina de forma inalterable y constante. Es necesario sealar todava que las direcciones sealadas para los trazos de las letras no se hace solamente en lnea recta, sino que se acompaan de trazos en forma de lnea curva de manera especial en aquellas letras cuya forma as lo exige como son: a, b, c, d, e, g, h, o, p, q, s, y, tanto por portar un ojo o bucle como porque es esencialmente curva su forma. Es-ta circunstancia se produce principalmente en el desarrollo cursivo, aunque se da tambin en la escritura no cursiva y capital, y fue pasando a las escri-turas que han tenido su origen en la evolucin de la latina: nacionales, caro-lina y gtica.

    CARLO.- Jos Manuel RUIZ ASENCIO, Tratado..., vol. I, Madrid 1983, pp. 224 y ss.

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    A lo largo del siglo XIII en la escritura cursiva mediterrnea se impone la forma redonda sobre la angulosa de la gtica. En el reino de Castilla y Len, mediado el citado siglo, se produce una escritura en la que aparte de la redondez de su forma se impone un ductus nuevo con relacin a la cultura grfica anterior. Este nuevo rumbo aparece tmidamente en la denominada escritura minscula de privilegios y se manifiesta de manera palpable en la llamada de albales; mantendremos uno y otro nombre a pesar de su apa-rente impropiedad. En las formas grficas de la letra de albales y ms tarde en la cortesa-na, evolucin de aquella, observamos como en algunas letras del alfabeto de esta escritura, se introduce un elemento novedoso en su ductus que da como resultado una forma no existente en la cultura grfica latina: los astiles infe-riores de algunas letras no terminan en lnea recta, tal como lo hacan en la escritura de poca anterior, sino que estos astiles desde ahora se curva y prolongan hacia la izquierda, suben por delante del ncleo de la propia letra y llegan a envolverla para finalizar hacia la derecha, volviendo al ductus or-dinario de tradicin latina. Veamos los casos concretos en los que se aprecia perfectamente la no-vedad en su ductus y consecuentemente en su forma. F.- Trazada de arriba a abajo en su astil inicial, prolonga ste, sin levantar la pluma del soporte, por la izquierda del trazo anterior y subiendo va a enlazar con el punto de arranque de la primera lnea trazada; en un ltimo movi-miento, y ahora levantando la pluma, traza una raya corta y horizontal a la lnea del rengln con el que se diferencia de la s larga. H, M, N.- Prolongan su trazo ltimo hacia abajo, lo curvan hacia la iz-quierda por debajo de la caja del rengln y lo giran hacia la izquierda. En esta letra de albalaes, a veces, sube por la izquierda envolviendo el ncleo principal de la letra; pero en la cortesana este rasgo envolvente es constante. P.- El astil inicial est trazado de arriba a abajo; despus se gira hacia la iz-quierda para subir, cruzar el astil recto hacia su mitad y cerrar el ojo propio de la letra volviendo hacia la izquierda. Todo el trazado se realiza sin levan-tar la pluma del soporte.

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    Q.- Hecho el bucle en espiral, se desciende hasta superar la lnea del ren-gln; despus se gira hacia la izquierda de los elementos grficos ya traza-dos para subir envolviendo la letra. S.- Esta letra en la escritura de albalaes adopta dos forma: una en forma lar-ga cuando la s es inicial o en medio de palabra; otra en forma de seis cuando va al final de la palabra. En cuanto al primer supuesto remitimos a lo ya dicho en la letra f porque se traza igual que aquella, sin el travesao de la f. En cuanto al segundo caso adopta una forma de espiral, semejando a una sigma griega, siguiendo este trazado: el bucle se inicia de izquierda a derecha y girando hacia la izquierda, sin sobrepasar la lnea del rengln, termina su trazado, sin levantar la pluma del soporte, hacia la derecha. Y.- El astil bajo se prolonga por debajo de la lnea del rengln; gira hacia la izquierda para, subiendo envolver el ncleo de la letra y finalizar por encima y hacia la derecha. A modo de conclusin del proceso sealado en el trazado de estas letras podemos destacar la permanente prolongacin de su trazo ltimo y su con-secuente giro hacia la izquierda para envolver el ncleo de la letra. Este tra-zo envolvente no nace para unir con la letra siguiente de la palabra en nin-gn caso, ni siquiera en la s que adopta una forma de sigma griega, puesto que en los primeros tiempos de su aparicin slo es utilizada a final de pala-bra cuando ya no tiene ni siquiera la posibilidad de aquella unin. Cabra la duda sobre la aplicacin de este principio en el caso de la q que podra afirmarse que va buscado la unin con la letra sobrepuesta, pero ni en esa letra se produce esta ligazn, puesto que la letra sobrepuesta o su signo abreviativo equivalente se traza por separado y despus de haber levantado la pluma. 2.2.-El origen y las vinculaciones. La descripcin de las letras de la escritura de albalaes nos ha dado oca-sin a la reflexin acerca de la posible procedencia de los nuevos elementos que han hecho su aparicin en la escritura en el siglo XIII. Dos son los as-pectos a considerar. De un lado, expondremos las causas generales que pu-dieron influir en el desarrollo de la escritura cursiva en toda la Europa me-dieval y de cultura latina que afectan, por supuesto a la pennsula Ibrica; y de otro lado, buscaremos las circunstancias histricas que pudieron influir

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    de forma particular en los reinos cristianos de la Pennsula Ibrica y afecta-ran de manera especial al reino de Castilla y Len. a). Stiennon afirma que el origen de esta cursiva diplomtica reside en las actas emanadas de la cancillera pontificia, ms exactamente en aquellas que llaman pequeas bulas que emanan de los papas o de los legados ponti-ficios en la segunda mitad del siglo XIIF28F. Este autor aade la resurreccin de la cursiva tiene causas generales exteriores al acto de escribir y seala que desde finales del citado siglo se escribe ms rpido porque las ocasiones de escribir se multiplican porque aumentan los actos administrativos en to-dos los mbitos; porque se expande la actividad econmica en la Europa medieval; porque las ferias propician las actividades financieras; en fin, por-que los comerciantes se convierten en individuos cultivados, viajeros y lle-van las cuentas de sus operaciones comerciales. Como ya dijimos ms arriba Stiennon y nosotros no nos estamos refiriendo al mismo tipo de escritura sino a tipos bien distintos ya que en la de albalas la prolongacin del rasgo ltimo de algunas letras y su incurvacin hacia la izquierda esta mucho ms desarrollado que el modelo grfico que propone el citado autor, quien evi-dentemente est haciendo referencia de la minscula de privilegios; en este sentido puede tener razn en sealar la chancillera pontificia como ori-gen de la misma. b) A la vista de los elementos que hemos constatados en nuestro anlisis de la escritura cursiva que nos ocupa, tendremos que sealar que ese trazo reseado como ductus propio del alfabeto de la escritura de albales, de un lado, rompe con la tradicin grfica latina, y de otro lado, es un trazo com-pletamente innecesario y no debido a aquellas letras en las que aparece, siempre dentro de la cultura grfica latina. Si es un trazo no necesario o in-debido podemos concluir que es un trazo de adorno y debido a una influen-cia grfica externa a la escritura latina; influencia que se produce sobre una escritura de cultura latina como corresponde a la de Castilla y Len en la poca que nos ocupa. En este mismo sentido cabe afirmar que la utilizacin de la escritura de albalaes es mucho anterior y ms formada y extendida en el reino de Castilla y Len que en los otros reinos peninsulares, donde tam-bin se dieron ciertas aproximaciones a esta forma grfica.

    28 Jacques STIENNON, Obr. cit., p. 111.

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    Aceptamos el principio de que la escritura no es solo un medio de transmisin de la cultura, sino que ella misma es parte de la cultura de cada uno de los momentos en que fue objeto de uso por las personas que partici-paban de una cultura concreta. Por tanto la aparicin de esta forma de escri-tura es reflejo de una cultura que hemos de inscribir en unas coordenadas histricas del momento en que se produjeron. En aquella poca en la Pennsula Ibrica coexistan tres culturas distin-tas, dos de las cuales, la rabe y la hebrea, tenan una misma cultura grfica, que a su vez era una ramificacin con un origen distinto a la de los cristianos del norte. La latina se escribe de izquierda a derecha y se enlaza con la letra siguiente por la derecha; la escritura rabe y hebrea se traza de derecha a iz-quierda y se enlaza con la letra siguiente de su izquierda. La escritura rabe tiene un ductus distinto a la latina, y se desarrolla conforme a este esquema: de arriba hacia abajo y de derecha hacia iz-quierda. Y todo ello con formas redondas. Su representacin grfica sera ste: La prolongacin de los astiles hacia la izquierda y con tendencia ascen-dente es manifiesto en esta escritura rabe, aunque no llegan a ser envolven-tes como los que hemos visto en la escritura de albales pero son coinciden-tes unos y otros en el ductus. No son envolventes porque no tienen que finalizar girando hacia la derecha; la unin de las letras en la cultura grfica rabe se realiza con la letra de la izquierda; las ligaduras en el sistema gr-fico latino se hacen con la letra que le sigue por la derecha, por tanto la di-reccin ltima del trazo exige buscar la letra de la derecha, ha de volver hacia la derecha, y necesariamente debe adoptar la forma envolvente si pre-viamente ha prolongado su astil inferior por la izquierda. c). No se cuanta autoridad podemos conceder a Francisco de Quevedo y Villegas en lo que toca a explicar la forma de las letras de nuestro alfabe-to, mxime cuando esta cuestin la encontramos en un conjunto de anota-ciones que servira de base para la confeccin de un escrito poltico de este

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    autor en el que defiende las grandezas de Espaa F29F. Seala nuestro escritor clsico la importancia que la lengua hebrea ha tenido en nuestra gramtica y en la forma de las letras; comienza lanzando uno de sus acostumbrados dar-dos escasamente amables: los judos que mancharon a Espaa. ! Maldita inundacin!. A continuacin no le duelen prendas en escribir: Si se mira en nuestro alfabeto o abc que llamamos, muchas letras hay semejantes a las hebreas en la forma. Va sealando una a una las similitudes anunciadas de forma general, destacando en cada momento que la diferencia sustancial en-tre su alfabeto hebreo y el nuestro no est en la forma de cada una de las le-tras, sino que radica en que nosotros escribimos al revs que ellos, es de-cir, de izquierda a derecha.

    Mientras los hebreos estaban esparcidos por todo el territorio peninsu-lar, los musulmanes tenan sus focos culturales ms sealados en el Al-andalus, en ciudades bien organizadas social, comercial y culturalmente: Crdoba, Sevilla, Jan, Murcia. Sabemos que los judos se dedicaban prefe-rentemente a la actividad comercial; sabemos as mismo que entre los cris-tianos del norte, donde haban quedado muchos rabes sobre todo desde la conquista de Toledo (1085) y los rabes del sur exista una actividad comer-cial ordinaria e importante en cantidad. La actividad comercial lleva las mercancas de un lado a otro e ntimamente vinculada a esas mercaderas se transporta la cultura, en el ms amplio sentido de la palabra, del comerciante 2.3.-Los acontecimientos histricos peninsulares. Los ms destacados focos culturales del sur de la Pennsula Ibrica fue-ron conquistados por los cristianos del norte durante el reinado de Fernando III, el Santo: Crdoba en 1236; Murcia en 1241-1245; Jan en 1246 y Sevi-lla en 1248. Tendremos que aadir a las simples fechas enunciadas que se-gn se nos indica en los relatos cronsticos ocho aos dur el rey don Fer-nando en la frontera, que non torn a Castilla desque della sali... Tres aos

    29 Francisco de QUEVEDO Y VILLEGAS, Espaa defendida y los tiempos de aho-ra. De las calumnias de los noveleros y sediciosos, Obras Completas, vol. I, Ma-drid: Aguilar, 1992, pp. 567 y ss. De manera consciente dejo a un lado la polmica Amrico Castro/Snchez-Albornoz. No he visto aparecer en los textos de uno y otro el asunto que ahora nos ocupa; cuestin distinta y arriesgada sera hacer una lectura entrelneas, a la postre interpretativa.

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    e inco meses fue tiempo de la su vida despus que Sevilla fue ganadaF30F. Una estancia de tanto tiempo de un rey con sus jefes militares, con sus tro-pas y con su cancillera, aunque no fuera toda la oficial, en tierras donde la cultura estaba muy desarrollada y era, especialmente en lo grfico, bien dis-tinta a la de los conquistadores, necesariamente hubo de dejar una profunda huella en todos los rdenes y no menos en el arte de escribir. Los cronistas dejan constancia de la admiracin sentida por los cristianos que participaron en la conquista de las ms destacadas ciudades musulmanas del sur; el no describir las sorpresas ante las bondades encontradas en otras pequeas po-blaciones ocupadas debemos entenderlo como relato innecesario frente a las maravillas de las grandes. Respecto de Crdoba dicen: ipdat real et commo madre de las otras ipdades del AndalozaF31F; mientras que a Sevilla la describe con estas palabras: ...et a otras noblezas muchas et grandes... villa tan bien asentada et tan llanna non la a en el mundo, villa a quien el nauo del mar le viene por el ro todos los das.... fasta dentro de los muros, apuertan all con todas mercadoras de todas partes del mundo... Pues commo no puede ser muy buena et muy preciada ipdat tan acabada et tan conplida et o tantos abondamientos et las otras riquezas que a,... F32F La coincidencia de la conquista de los grandes focos culturales rabes con la formacin de la escritura de albalaes en el reino de Castilla y Len no debe sorprendernos. Los conquistadores y posteriormente los pobladores cristianos que ocuparon estas nuevas tierras pasaran de la admiracin a la asimilacin de la forma de vida, en el ms amplio sentido que a este trmino se la puede dar, que la cultura rabe haba establecido y de la que era impo-sible prescindir. Toledo tenan una larga tradicin traductora que se remontaba a la po-ca del arzobispo don Raimundo (1126-1152) momento en que se traducan obras rabes y hebreas al latn. Alfonso X gustaba de vivir rodeado de doc-tores musulmanes y judos y en la escuela de traductores de Toledo aque-llos hombres sabios traducan obras de sus respectivas culturas al romance

    30 Primera Crnica General de Espaa, vol. II, Madrid: Gredos, 1977, p. 770. Cr-nica de Veinte reyes, Burgos 1991, p. 346 31 Primera Crnica, vol. II, p. 729. 32 Ibid., p. 769.

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    castellano. Alfonso X establece en 1254 estudios e escuelas generales de latn e arvigo en SevillaF33F; otro tanto har en Murcia y en Burgos. Si la presencia de los grandes maestros cristianos, musulmanes y judos proporcionaba a estas escuelas la gloria de la sabidura, la existencia de amanuenses, de una y otra cultura que escriban los trabajos encomendados por aquellos, estaban en continuo contacto y sometidos a permanente in-fluencia grfica de los unos sobre los otros.F34F Este intercambio permanente implica que conocan el romance y/ o el rabe y que saban escribir en caracteres rabes y en caracteres latinos; tam-bin haba cristianos que escriban con unos y otros caracteres, incluso po-dra ser un elemento de distincin social F35Fe intelectual y muy especialmente durante el tiempo en que se origin y desarroll la escritura de albalaes. 2.4.-Conclusiones y caminos No tenemos an elementos suficientes para elevar a nivel de categora las hiptesis y conclusiones que preceden. Limitamos nuestra exposicin a sealar la peculiaridad de las letras que comentamos, sus ductus hacia la iz-quierda en la prolongacin de los astiles inferiores y su incurvacin, al tiem-po que destacamos las circunstancias histricas en medio de las cuales apa-rece la transformacin grfica a la que nos hemos referido. Sealamos el 33 Ramn MENNDEZ PIDAL, Estudio sobre la Primera Crnica General, Pri-mera Crnica General de Espaa, Madrid: Gredos, 1977, p. 851 y ss. 34 Ibid., p. 876 En este sentido cabe recordar que el propio Menndez Pidal a la hora de hablar de las fuentes perdidas a partir de las cuales se elabor la Primera Crnica General, nos indica la existencia de un cronicn, hoy perdido, que nos sita ya entonces ante la existencia de la literatura aljamiada 35 Esteban TERREROS Y PANDO, Paleographia espaola, Madrid 1758, pp. 21-22, dice: ... de aqu nace que en el siglo XII y mitad del XIII, la mayor parte de las escrituras de Toledo, an a vistas de los reyes, se otorgaran en lengua rabe; algunas son bilinges, repitindose en ambas lenguas, rabe y latina, un mismo texto. La iglesia primada de Toledo guarda entre los tesoros de sus archivos tan gran nmero de escrituras rabes, que acaso pasan de dos mil... de todas estas la menor parte es de moros, la mayor es de caballeros christianos , de monjas, de clrigos y de los mismos arzobispos; por donde se ve que es muy mal argumento la letra rabe para concluir que el escrito es cosa de moros..... aun del siglo XIV se hallan escritos rabes y hasta el fn de l usaron los escribanos de Toledo la galantera de poner en los instrumen-tos su firma bilinge, galantera correspondiente a la que tenan los artesanos tam-bin en su maniobra

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    mayor desarrollo de este tipo grfico en el reino de Castilla y Len sobre el resto de los reinos cristianos del norte peninsular, precisamente el reino que conquist e incorpor a sus dominios los grandes focos culturales de los rabes situados en la parte meridional de la Pennsula. La imposicin cultu-ral del conquistador sobre el conquistado, habitual en los territorios conquis-tados por los romanos, no siempre se ha cumplido en el mbito de otras pueblos conquistadores. La innovacin grfica que hemos puesto de manifiesto con la aparicin de la letra de albalaes no es ms que el principio de un camino, largo en aos, que tendra su expresin plena a comienzos del siglo XV, momento en el que se desarrollan aquellas novedades y que, con pequeas variaciones, se plasmarn en la que conocemos como escritura cortesana, las ms caracte-rstica de la forma de escribir de nuestros antepasados en el solar castellano-leons; tan caracterstica como la presencia de los rabes durante tanto tiem-po en la Pennsula, especialmente en el sur, situacin que no se produjo en otros mbitos geogrficos, ni en cuanto a la fuerza cultural de su ocupacin, ni en cuanto a la escritura, a la postre una manifestacin cultural. Quedan en pie, entre otras, las preguntas siguientes: cmo consigui formarse y extenderse esta forma grfica por el reino de Castilla y Len?; solo sabemos que fue asumida por la cancillera regia e impulsada su difu-sin desde la corte real del siglo XIII, ya que mediante su uso en los docu-mentos de ella preparados y expedidos poda y de hecho suscitara la incli-nacin a imitar el tipo grfico que era utilizado en la cancillera regia, aunque fuera para documentos de segunda categora diplomtica. Creemos que el interrogante anterior est ligado a ste otro quin se dedic durante el siglo XIII, especialmente en su segunda mitad, a la enseanza del arte de escribir en el citado reino?. De momento no hay datos sobre este particular, por consiguiente no hay respuesta. Estamos hablando de los reinados de Fernando III, Alfonso X y de Sancho IV, del siglo de las universidades, del siglo del desarrollo comercial, del siglo de las ferias y mercados. Los archi-vos de los municipios de ciudades y villas ms destacados de la poca a la que nos estamos refiriendo pueden haber tenido la respuesta; los archivos notariales pueden conservar contratos de enseanza entre maestros del arte de escribir y sus discpulos; unos y otros fondos documentales pueden apor-tarnos algn tipo de respuesta con la que reforzar estas notas sobre la letra de albalaes.

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    3.-LA ESCRITURA DENOMINADA CORTESANA

    El peso de la cancillera real ha sido tan grande en la escritura documen-tal, y tanta la defensa y difusin de la escritura cancilleresca, que ha oscure-cido a todas las otras formas de escritura que con stas compartieron perodo cronolgico y documentos. Por aadidura, los frecuentes estudios de las cancilleras reales han forzado el pie a los autores de los manuales a exten-derse en el estudio de la escritura usada por la cancillera castellana de esta centuria.

    Si la escritura cortesana y la procesal son las mejor estudiadas, no son los nicos tipos grficos usados en el reino castellano-leons a lo largo de la citada centuria. Resta an por estudiar la escritura corriente entre los co-merciantes y las personas que se servan de la escritura como un instrumento til para realizar su actividad y contrarrestar la flaqueza de la memoria. Mientras stos se serva de la escritura para uso privado, los otros ejercan el arte de escribir como un oficio, ejecutando la escritura caligrfica, es decir, una escritura pblica y no una escritura privadaF36F. Estos profesionales en-tendan su arte como un medio de vida, bien a sueldo de la Corona o de los Concejos, bien a ruego de los particulares y segn tarifa; a cambio de su be-neficio se vean obligados a realizar la escritura que el pblico conoca o, mejor dicho, podra o deba conocer. 3.1.- El nombre de la escritura En los manuales de Paleografa se estudia esta escritura bajo el epgrafe de letra cortesana. Se sigue en esto la denominacin dada en las Pragmticas dadas por los Reyes Catlicos en los aos 1485, 1486, 1489 y 1503, en las que para referirse a la escritura que se usaba en la corte se dice escritura cortesa y prieta, en oposicin a la llamada procesal. Esta escritura hace su aparicin en la segunda dcada del siglo XV y tiene una vida de menos de un siglo; a cambio de esta corta vida, en relacin a otras formas grficas, los archivos espaoles estn llenos de documentos escritos en escritura cor-tesana. Para Sanz Fuentes " la terminologa paleogrfica es an hoy da un te-ma abierto y la dificultad para su correcta resolucin es mayor en los paises

    36 L. Gilissen, Lexpertise..., p. 41.

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    que como Espaa, Italia y Alemania, se resisten a todo proyecto inmediato de aplicacin de una terminologa normalizada, dado el peso que en los mismos tiene la terminologa tradicional"F37F. Por lo que hace a la escritura cuyo nombre encabeza este epgrafe, la citada doctora aade: " Es el mo-mento [ segunda mitad del XIV] en que el tipo redondo se hace patente en la cursiva documental castellano-leonesa, dando lugar a la gtica cursiva redonda, denominada tradicionalmente cortesana"F38F. Aunque reconocemos su acertado anlisis, la denominacin de "gtica cursiva redonda" no nos parece adecuada: primero, la esencia de la gtica son las figuras geom-tricas vinculadas al cuadrado y se manifiesta en sus formas angulosas, que-bradas o fracturadas; segundo, la esencia de la escritura redonda son la figu-ras geomtricas vinculadas al crculo y esta escritura se manifiesta sin las caractersticas de la gtica ya sealadas; y tercero, mientras la escritura gti-ca obedece a un trazado reposado y sobre todo lento, a pesar de la impor-tancia del corte de la pluma, la escritura redonda responde a un sistema que facilita la rapidez en el acto de escribir, a pesar del corte distinto en la pluma. 3.2.-Peculiaridades grficas. Ya hemos apuntado que la letra de albalaes, como escritura cursiva y documental, comienza a hacer su aparicin en la Corona de Castilla y Len a mediados del siglo XIII, y su permanencia, con todas las caractersticas y peculiaridades all apuntadas, llega hasta ms ac de mediado el siglo XIV. Se produce despus y durante unos cincuenta aos un tipo grfico cursivo que se distancia, sin abandonarlo, del modelo y del ductus que hemos obser-vado en sta escritura. En torno a 1420 se reproduce un ductus y unas formas que considera-mos especialmente vinculados con la escritura de albalaes, aunque mucho ms evolucionado, dando origen a lo que desde finales del siglo XV se lla-m letra cortesana, denominacin que mantendremos. Los manuales de Paleografa hacen una meritoria descripcin de la es-critura cortesana reproduciendo y explicando las formas que adoptan las dis-

    37 Mara Josefa SANZ FUENTES, Paleografa en la Baja Edad Media Castella-na, Anuario de Estudios Medievales, 21 (1991), p. 528. 38 Ibid. p. 533.

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    tintas letras, sin detenerse en otro tipo de anlisis, aunque sin olvidar el sis-tema de unin entre ellas y las deformaciones que algunas letras sufren a causa de las ligaduras. Observamos, sin embargo que en esta escritura se reproducen algunas de las caractersticas ya destacadas en el anlisis de la letra de albalaes, en la que el ductus se aleja mucho del modelo grfico latino, especialmente en la prolongacin de los astiles altos y bajos de algunas letras que ms adelan-te expondremos. As los astiles inferiores de algunas letras consonantes se prolongan hacia la izquierda y suben envolviendo a la propia letra para enla-zar por arriba con la letra siguiente de su derecha. Las letras de la cortesana afectadas por este ductus son las siguientes: H, I, M, N, Q, S, Y, Z; a este grupo hay que aadir otras cuatro: , G, D, P, las cuales slo en algunas de sus formas siguen aquel ductus, mientras que en otros trazos estas letras si-guen otro modelo distinto. Si las contamos todas tenemos un total de doce letras afectadas por el ductus referido. Todas ellas son consonantes y conso-nntica es la escritura a la que anteriormente hemos asignado su origen. El alfabeto tena 25 letras; si a este nmero le restamos el conjunto de las vocales, nos quedan 20 letras consonantes; a ste le restamos las 12 le-tras consonantes afectadas y nos quedan solamente 8 consonantes a las que no alcanz la influencia del ductus de referencia. Por esta va nos situamos por encima del 60 % de letras de la escritura cortesana afectadas por un duc-tus ajeno a la cultura grfica latina, cultura a la que pertenecan las escrituras que precedieron en el tiempo y en la evolucin a la denominada de albalaes. Se trata de un tanto por ciento muy elevado que incide precisamente sobre las letras consonantes que son las que le dan ese aspecto peculiar a la es-critura cortesana; ello no nos permite olvidar que tambin alguna vocal, es-pecialmente la A, acenta las caractersticas peculiares de la escritura que nos ocupa. U3.3.- La letra a cerrada con lnea. Tendremos que hacer un largo excursus histrico para poder fijar y ex-plicar la forma que desde mediado el siglo XIII adopta esta letra y para de-terminar las distintas culturas a las que aparece vinculada. La a minscula en la escritura visigtica (siglos VI, pizarras, siglo XII), tanto en su forma cursiva como redonda, se asemeja mucho a la letra

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    u. Ambas se realizan en dos trazos. Mientras la a prolonga su ltimo trazo hacia la derecha para unir con la letra siguiente, se produzca o no ese ligamento, la u forma su trazo final con una linea vertical que impide cualquier intento de unin con la letra que le sigue. Con la desaparicin de la escritura visigtica, tambin de la Pennsula Ibrica, por imposicin cultural, poltica y religiosa, y el desarrollo de la carolina en todo el mbito europeo, comprobamos, no obstante, la perma-nencia de la letra a visigtica a lo largo de los siglos. Esta letra se refu-gia como letra sobrepuesta en la escritura carolina y de forma pertinaz y constante aparece sobrepuesta en los elementos de la datacin documental para indicar el ordinal: milsima, centsima, cuadragsima y prima, etc. Esta permanencia cultural podra interpretarse como resultado de la hostilidad con que se acept la irrupcin de la escritura carolina en muchos sectores peninsulares vinculados, especialmente, a la sede metropolitana de Toledo y de BurgosF39F. A mediados del siglo XIII, la aparicin de la escritura de albalaes, nos situa, de nuevo, ante la letra a, aunque ahora de manera bien distinta. Bas-ta la lectura de documentos en este tipo de escritura para apreciar que ahora aparece un tipo de a que conserva la forma que ya tena en la visigtica, pero con el aadido de que se cierra por arriba con una raya horizontal o triangular, a modo de caperuza. Presenta, por tanto, una forma olvidada de la escritura visigtica, aunque no nueva, y que permanecer hasta el final de la escritura cortesana, vinculando estas dos formas grficas. La primera reflexin sobre esta constatacin nos sita de nuevo ante la relacin ya establecida entre las letras a y u de la escritura visigtica. El amanuense de este tipo de escritura escriba las distintas letras separadas las unas de las otras presentado la diferencia entre unas y otras de forma ntida, salvo algunos casos en que ligaba, y por tanto deformaba, algunas consonan-tes. Toda la escritura visigtica, tanto la cursiva como la redonda ha sido trazada con relativa calma y lentitud con trazado individualizado de las le-tras.

    39 Como puede verse en Chronicon mundi de Lucas de Tuy o en De rebus Hispaniae de JIMNEZ DE RADA.

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    Ahora, mediado el siglo XIII, el amanuense escribe con rapidez y con trazados muy cursivos, situacin que se agrava desde principios del siglo XV con la aparicin de la escritura cortesana. Esta cursividad obligaba a trazar de forma distinta las letras a y u para evitar la confusin de lectu-ra entre una y otra. Evidentemente el problema estaba resuelto desde la apa-ricin de la escritura carolina y, an mas, con la presencia de la gtica, sis-temas grficos en los que las letras aludidas estn perfectamente diferencias. Reflexin finalizada. Pues no. Parece que detrs de unos simples signos grficos se esconde toda una filosofia, todo un bagaje cultural muy arraigado, puesto que algunos ama-nuenses prefieren otras soluciones para establecer la diferencia entre las le-tras a y u en una escritura cursiva y evitar la confusin inexistente de lectura de ambas letras. A mediados del siglo XIII y con la escritura de albalaes aparece una a, con base visigtica y cerrada por arriba con una caperuza o una lnea hori-zontal como elemento diferenciador de la u en una escritura muy cursivi-zada. Con los datos con que contamos hemos de remontarnos a la escritura visigtica cursiva del siglo VIII para encontrar los antecedentes de este tipo de a. Por el momento solo conocemos un ejemplo, aunque se conserva en la isla de Irlanda y no en la Pennsula Ibrica. El cdice Book of Dimma, escrito en minscula irlandesa y conservado en DublnF40F, presenta no slo el modelo de a de base visigtica, como no poda ser de otra manera, y ce-rrado con una raya horizontal por su parte superior, sino que adems, repro-duce el otro tipo de a que ser el ms usado tanto en la escritura de alba-laes como despus en la cortesana. Nada menos que cinco siglos despus vemos aparecer o retomar unas formas grficas vinculadas a una cultura grfica visigtica propia de una es-critura desaparecida pero, a lo que parece, no olvidada. Tendremos que re-iterar que la evolucin de la escritura hay que vincularla a algn lugar aleja-do de los lugares de trabajo de los amanuenses profesionales de las distintas oficinas de preparacin y expedicin de documentos. Creemos que para ex-plicar la evolucin de la escritura, como cualquier otra forma de cambio cul-

    40 Se conserva en el Trinity College, 59, fol. 108. Ver CLA, 2, lmina 275. Lo re-produce Luis NEZ CONTRERAS, Manual de Paleografa. Fundamentos e histo-ria de la escritura latina hasta el siglo VIII, Madrid: Ctedra, 1994, p. 541.

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    tural en esta poca, hay que acudir a los lugares donde se movan los intelec-tuales de cada momento y no a los ambientes polticos cortesanos, aunque podamos encontrarlos juntos. Los cdices visigticos ya en desuso se con-servaban en las bibliotecas de los monasterios y de las catedrales. Slo los monjes de los monasterios, refugio de muchos estudiosos y sabios de enton-ces, estaban en condiciones de poder recrear una forma de a rescatndola de los manuscritos de tiempos tan remotos. La pregunta es por qu se re-cupera un signo grfico, si no haca falta?. Aunque nos parece muy atrevi-do, podamos formular el interrogante de esta manera contra quin?. No hay respuesta. De momento solo hay sorpresa ante la constatacin de la permanencia de ciertos elementos culturales. 4.- LA ESCRITURA HUMANSTICA. La escritura humanstica cierra el ciclo del que hemos venido hablando hasta ahora y establece de nuevo las caractersticas de las formas grficas de estilo latino. Observamos como su aparicin en el mbito cancilleresco de Castilla y Len se produce en las dos ltimas dcadas del siglo XV.

    A simple vista nos encontramos con una escritura de la que ha desapa-recido el rasgueo hacia la izquierda de los trazos de las letras y se ha aban-donado las lneas envolventes de las que hemos venido hablando en la escri-tura de albalaes y en la cortesana.

    Si nos detenemos, en cambio, en el anlisis de la forma de las letras nos encontramos con algunas letras todava conservan algunos elementos de la cultura grfica anterior: h, g, s (sigmtica), alguna vez la y. Por lo dems nos situamos claramente ante una escritura que ha vuelto al sistema grfico de la cultura latina.

    Nada puede causarnos extraeza. El humanismo es un retorno a la cultu-ra latina clsica. La escritura y, en especial, la transformacin de las formas de las letras fue uno de los puntos de inters expresamente marcados por los humanistas; el objetivo era volver a incorporar y plasmar en la escritura, la belleza clsica latina y desplazar la escritura gtica y su posterior evolu-cin.

    La imitacin de esta forma de escritura en nuestro solar peninsular, dio al traste con las formas grficas que hemos visto que florecan entre noso-tros. Pero en la evolucin de la escritura no se producen saltos grficos. Los nuevos amanuenses, los jvenes amanuenses, comenzaran su aprendi-

  • LA LETRA DE ALBALAES

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    zaje del arte de escribir con la prctica en las nuevas formas grficas; los amanuenses mayores, aunque algunos la aprendieron, la mayor parte sigui en la prctica de la escritura cortesana que haban aprendido a escribir en su juventud.

    La cancillera castellano-leonesa incorpor muy pronto, ya durante el reinado de los Reyes Catlicos, algunos amanuenses cuya forma de escritura era claramente humanstica. Es una manifestacin ms de cmo la corte quera y pona los medios, no slo tericos y legales, las distintas pragmti-cas ya citadas ms arriba, sino prcticos y eficaces para incorporar los ele-mentos grficos propuestos por la nueva cultura del Renacimiento, ya impe-rante en otros muchos aspectos de la cultura de su reino

    La postura polticamente correcta para los reyes Catlicos era iniciar el camino de sustitucin de los amanuenses de la chancillera y esperar a que el paso de los aos y la edad de algunos de ellos facilitara la transicin a la nueva cultura grfica. Era cuestin de tiempo.

    Apndice de Lminas (fragmentos de documentos) n 1: Letra de Albalaes (1296) n 2: Letra Cortesana (1493) n 3: Letra Humanstica (1486)

  • BLAS CASADO QUINTANILLA

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    Lmina n 1: Letra de Albalaes (1296)

  • LA LETRA DE ALBALAES

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    Lmina n 2: Letra Cortesana (1493)

  • BLAS CASADO QUINTANILLA

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    Lmina n 3: Letra Humanstica (1486)